Currículum vitae de una superviviente

En este momento de la evolución del ser humano, en el que el cambio de paradigma nos saca de la zona de confort, sentimos el miedo a la incertidumbre que bloquea la oportunidad de cambiar los patrones que nos llevan al sufrimiento.

Deja de resistirte a salir de la zona de confort, es inevitable. No estás solo, somos muchos los que hemos sobrevivido y despertado la conciencia para que hoy puedas contar con nosotros y hacer de este mundo lo que en realidad es, un jardín donde florecer y dar nuestros frutos dejando un legado sagrado de puro amor.

Soy Marta Sola y estoy dispuesta a acompañarte en tu salto cuántico.

¿Cómo he llegado a ser coach espiritual?

Voy a resumir en todo lo posible cual es mi experiencia de vida y, ya te digo para empezar que, no espero sorprenderte.

Si me remonto a mi niñez, era juguetona como todos los niños, muy sociable (característica que me ha acompañado hasta prácticamente la edad adulta, pero con matices) y llorona.

Lloraba mucho, desde bebé, además nacieron mis hermanas gemelas cuando tenía dos años y eso acabó por provocar en mi una crisis existencial a muy temprana edad. ¿Que si me acuerdo? Y tanto, me ha marcado para el resto de mi vida.

Me recuerdo con una sensibilidad extrema, sentía las emociones de forma intensa, todas, las positivas y las negativas (ahora no creo en la dualidad emocional, de todo se aprende).

Llegué a la adolescencia viviendo feliz, acompañada de muchos niños, éramos una comunidad de vecinos que hasta las vacaciones las pasábamos todos juntos. Son experiencias que por fortuna han compensado la nostalgia que siempre he arrastrado desde niña.

Una nostalgia que, ahora comprendo, nacía de carencias, haciendo de mi una niña siempre volcada en ayudar a los demás. Recuerdo que me responsabilizaba de los más pequeños, como si fuese necesario que se dieran cuenta que no estaban solos y que a mi me importaban mucho.

El feedback de los bebés es puro e inocente y esa inocencia siempre me ha llamado la atención.

Tal vez porque también percibía en mi esa inocencia que poco a poco se fue disolviendo al ir conociendo el mundo de los adultos, en el que empecé a sufrir más.

La complejidad del mundo de los adultos siempre se me ha atragantado, no le he visto la finalidad y por supuesto, tampoco conseguí integrarme con el paso de los años. Esa falta de integración, ahora me doy cuenta que ha sido lo que me ha salvado la vida.

Con doce años entré en una profunda crisis en la que mis padres se vieron obligados a llevarme al médico, los problemas estomacales fueron la somatización de un profundo sentimiento de angustia al no entender a mi entorno.

De los quince a los dieciocho años estudié en una academia de baile. Quería dedicarme profesionalmente, pudiendo quedarme en la academia como profesora. Fue uno de los momentos más bonitos de mi vida. El baile es terapéutico para mi. Lo tuve que dejar, me quedé sin financiación, un problema en la ingle y poco apoyo a un futuro que mis padres no veían claro como profesión, acabó por desaparecer de mi vida hasta que a los 45 años conocí a Joana Peral, maestra de baile, de vida y hermana inseparable en este viaje incierto, a la vez que fascinante que es la aportación al cambio de paradigma. 

Volviendo a mi niñez, ahora veo que era muy amorosa con los demás, al punto de darles más importancia de la cuenta, me olvidaba de mi, me anulaba, y te estoy hablando de tener 10 años como mucho.

Entrando en la adolescencia  el misticismo se fue apoderando de mi, iba a un colegio religioso y llegué a desear ser monja. Lo que demostraba que mi vocación de darme a los demás se estaba cuajando. Finalmente la vida de juventud y los procesos hormonales ganaron la partida y lo desestimé.

Siempre me relacioné con personas que necesitaban ayuda, y no porque yo lo pensara, sino porque ellas mismas me contaban sus problema, traumas, complejos. Siempre estuve dispuesta a escuchar, algo que mi padre me enseñó (hablaba y habla mucho) le gusta dar buenas charlas filosóficas para transmitirme sus aprendizajes de vida. Te quiero papá, aunque haya estado enfadada contigo mucho, mucho tiempo.

Llegados los veinte años, seguí con mis inquietudes místicas, todo lo misterioso, llamado oculto en aquellos tiempos, formaba parte de mi existencia. Tuve experiencias paranormales en la montaña de Montserrat, a la que me unía el vínculo por el nombre de familiares, y por un primo que pasó tiempo allí siendo monje.

Cuando era adolescente iba de colonias a la montaña de Montserrat, con grupos de carácter religioso a hacer convivencias y experimentaba, ya de aquel entonces, la meditación.

Conocí al poco tiempo a quien hoy día es mi pareja, con quien tengo tres hijos maravillosos y un nieto.

Hicimos juntos un camino inquietante, nos unía el inconformismo, tanto social como espiritual. Nos gustaba irnos a la montaña, a caminar largos recorridos, donde sentíamos la soledad de estar acompañándonos. Parece contradictorio, pero es así. A veces las cosas son como son, sin responder a patrones.

Realicé diferentes trabajos urbanos para poder vivir en la ciudad, desde recepcionista en un centro médico, pasando por dependienta de panadería o de floristería.

Nació nuestra primera hija siendo jóvenes, le pusimos un nombre místico. Y mi inquietud por lo energético comenzó a aumentar, descubrí, tras una serie de crisis profundas, el budismo. Inicié estudios para conocer las terapias naturales como la naturopatía, la herboristería pero, la imposición de manos comenzó a atraerme y apareció el Reiki, así, de sopetón. Hice los tres niveles y actualmente estoy formándome para Maestría.

Jesucristo ha sido mi guía, al crecer en un ambiente religioso, era para mi una referencia, le amaba profundamente, como nunca he sentido igual. Sus milagros me sorprendían y provocaban en mí, aún mayor admiración.

El Reiki fue el punto de unión en el que me centré, empezando a tener experiencias que me demostraban la sincronicidad de las cosas que sucedían y cuando empezó a brotar en mí una comprensión más allá de lo «normal». Lo que dio respuesta a toda esa sensación de vacío que me acompañaba.

Me fuí a vivir cerca del mar, emprendiendo con la familia un negocio vinculado al deporte.

Enfermé al poco tiempo, como si mi sistema hubiera colapsado, mi metabolismo empezó a tropezar, tuve que hacer un esfuerzo importante de aceptación, sabía que posiblemente podía morir.

Siempre fuí extrovertida, miraba más hacia afuera que hacia adentro, y había llegado el momento de irme adentro, conectar con mi cuerpo fallido y puede aprovechar para iniciar el verdadero viaje para conocer a mi verdadero YO.

Fui amable conmigo misma, al tiempo surgió en mi una valentía, una fuerza desconocida que me hizo salir de la zona de confort, si es que quería aprovechar la vida que tenía en el planeta. Hice un curso de submarinismo que, me hizo creer en mi misma al moverme en un medio que no es el mío natural, el agua.

Conocí el control mental, el estado de presencia y sentí el final de una vida para comenzar otra.

Aprovechando los estudios de naturopatía, trabajé como dependienta de herbolario y dietética.

Mi camino hacia el auténtico autoconocimiento había empezado. Tuve dos hijos más, y a cada parto y crianza, más aprendía. Sobre todo de ellos, vinieron como maestros para empujarme a crecer y salir de las diferentes zonas de confort en las que me acomodaba.

Pero me pasó algo que hizo un clic en mi y surgió el bloqueo. Me endurecí, estaba enfadada, me aparté de Cristo, del Reiki y de cualquier cosa que tuviera que ver con mi esencia.

Si antes, ya desde niña no le encontraba sentido a lo que me enseñaron, para que al ser adulta me fuese bien la vida, aquí se presentó la evidencia: Me topé con la realidad del sistema, una sociedad sin valores y yo más perdida que nunca.

¿Como era posible que habiendo llevado una vida de autoconocimiento, me encontraba en el medio de la nada?

Acostumbrada a entender la vida como un proceso natural, donde fluir sin forzar era como entendía la forma correcta de vivir, empecé a sentir hostilidad en la sociedad, no me veía aquí. A pesar de haber enfrentado una enfermedad que me hizo dar un salto al interior, mi enfado con el mundo tomaba cada vez más importancia.

Me aventuré a hacer otro cambio sustancial, fui a vivir a la montaña, buscando la autosuficiencia, como una renunciante, queriendo desapegarme del lastre social que me impedía fluir. Y me enfadé más aún. Me encontré con más farsa, intereses económicos y personajes varios que hicieron caer el velo de ilusión que cubría mis ojos.

Me he encontrado así durante años, me he negado sentir emociones, el miedo se apoderó de mi nuevamente, me sentí como un bicho raro, incomprendida, incapaz de expresar nada. Mi autoestima estaba muy dañada, sentí la despersonalización como algo fatal, no me ubicaba en ningún lugar y sucedió la magia.

Descubrí nuevas maneras de ver el mundo, otras formas de vivir, otra conciencia de mi misma y de la vida. Aquí tuve un despertar, tomé conciencia del poder del AQUÍ y AHORA.

Es como si me hubiera muerto varias veces en vida. Difícil de explicar y necesario vivir para poder desprogramarme, cuantas veces ha hecho falta, para poder reprogramarme y sincronizarme con mi verdadero SER.

Volví a hacer otro cambio de vida radical, fui a reencontrarme con el mar, conectar con mi agua, entre tsunamis emocionales que se presentaban ante mi en sueños repetitivos durante años. Soñaba con olas gigantescas, las veía venir a lo lejos y teniendo que huir para ponerme a salvo. Un sueño que he tenido desde la infancia.

Adquirí conocimientos sobre nuevas tecnologías, en los que llevo diez años dedicándome, disfruto en el desarrollo web con WordPress, donde puedo mantener activa la creatividad y ayudando a otros a crear realidades.

En esta etapa he vivido experiencias, pruebas o como se les quiera llamar, que me han ayudado a digerir lo vivido hasta prácticamente ahora. He asentado e integrado mi experiencia de vida. Encontré los maestros adecuados para transitar este momento y me ayudaron a a comprender que todo pasa por algo, que vivir el presente es sagrado y que dar es lo que toca hacer ahora.

Descubrí el tejido de mandalas, fue un no parar, dar vueltas y vueltas a los hilos para reestructurar los pensamientos, una gran ayuda en la programación mental y el proceso de sanación que he realizado y me ha transformado en lo que soy ahora.

Soy colaboradora activa en A.D.A.B. – Associació de Dones Artesanes de Blanes, en la que llevamos a cabo proyectos y realidades, por la paz, el empoderamiento femenino, mediante el yoga, la meditación, el arte, los actos poéticos y la tecnología.

ADAB – Associació de Dones Artesanes de Blanes

Descubrí los Círculos de mujeres.

Participé en la creación de dos, en el primero fue una experiencia inolvidable, conocí a quien desde hace unos cuantos años ya, somos amigas, hermanas, socias y cocreadoras de proyectos como «Mandalas por la Paz» y «Programa de Empoderamiento Femenino», coordinadora de éste último en un grupo de apoyo para «Mujeres que aman demasiado»en la asociación mencionada anteriormente.

Gracias a los Círculos de mujeres, tomé conciencia de mi realidad, entendiendo que mucho sufrimiento vivido es por estar desconectada de mi feminidad, intentando vivir un mundo masculino, el patriarcado. Doy las gracias por haber encontrado las personas adecuadas con las que hacer este viaje. El viaje del cambio de paradigma que estamos viviendo.

He llegado a la comprensión de que todo lo vivido ha sido un entrenamiento para afrontar el momento de la verdad, el del cambio social, el del camino espiritual que, sin mirar ni atrás ni adelante, me hace vivir un presente, momento a momento, con plena conciencia de quien soy y que he venido a hacer aquí.

Como conclusión de este largo viaje, mi curriculum dice así: Tengo 54 años, soy viajera incansable al interior, sanadora Reiki, buceadora en las emociones, creadora de realidades, artista, y responsable en la creación del nuevo paradigma social desde la espiritualidad.

Gracias de todo corazón.

Terapias Online de Mar de Mandalas

En Mar de Mandalas utilizo la terapia online porque resulta más cómodo en varios aspectos, uno porque resulta más económico, dos porque puede ser cualquier día de la semana, me adapto a tus necesidades y tres porque las distancias no son un problema. Barato, cuando quieras y desde donde quieras.